Lo que el otoño me enseña sobre soltar

Lo que el otoño me enseña sobre soltar

Hay algo en el otoño que me reconcilia con la vida. Los árboles no se resisten. No se aferran a la hoja. Simplemente la dejan ir, porque saben que hace falta espacio y descanso para que vuelva a brotar algo nuevo.

A nosotras, a veces, soltar nos cuesta.

Lo que nos cuesta soltar

Una relación que ya no es. Una versión de nosotras que funcionó durante años. Un proyecto, una casa, una manera de ser madre cuando los hijos crecen. La idea de que deberíamos poder con todo.

Muchas veces no soltamos porque creemos que soltar es perder. Y sentimos que, si dejamos ir algo, nos quedamos con un hueco que no sabremos llenar.

A mí me costó soltar la shala, algunas relaciones de pareja, de amistad, un hogar, un lugar donde vivir… Pero con el tiempo cada vez me resulta más fácil y liberador.

Soltar no es olvidar

Desde la mirada sistémica lo vemos claro: lo que no se honra, no se puede dejar ir. Antes de soltar, hace falta mirar lo que fue, agradecer lo que nos dio y reconocer lo que dolió. Solo entonces podemos ponerlo en su lugar, detrás de nosotras, y seguir caminando con más ligereza.

En Gestalt hablamos de cerrar ciclos. Una situación inconclusa sigue pidiendo nuestra energía aunque no pensemos en ella. Por eso hay cansancios que no se van durmiendo: son cosas que todavía no hemos despedido.

El cuerpo también sabe soltar

En la esterilla lo veo cada día. Hay hombros que llevan años subidos, mandíbulas apretadas, respiraciones que nunca llegan al vientre. El cuerpo guarda lo que no nos hemos permitido sentir. Y también puede ayudarnos a dejarlo ir.

Te propongo una pequeña práctica para estas tardes de otoño:

  • Respira hacia abajo. Siéntate cómoda, una mano en el pecho y otra en el vientre. Inhala por la nariz llevando el aire a la mano de abajo. Exhala despacio, un poco más largo de lo que inhalas. Cinco minutos.
  • Postura del niño. Rodillas abiertas, frente apoyada, brazos relajados. Quédate unas cuantas respiraciones dejando que la espalda se ablande.
  • Torsión suave tumbada. Boca arriba, deja caer las rodillas hacia un lado y luego hacia el otro. Siente cómo se libera la zona lumbar.
  • Escribe y despide. Al terminar, escribe en un papel algo que quieras dejar ir este otoño. Léelo, dale las gracias por lo que te enseñó y, si te apetece, rómpelo o guárdalo en un lugar que ya no mires a diario.

Dejar espacio

El otoño no es triste. Es una estación de preparación. Lo que soltamos ahora deja sitio para lo que todavía no sabemos que va a llegar.

Soltar no es rendirse. Es confiar en que hay vida después de lo que termina.

Si estás en un momento así, de cierre o de cambio, quizá te acompañe leer Cuando algo termina a los 40: el duelo de identidad del que nadie habla. Y si quieres practicar conmigo, te espero en mis clases de yoga online.

Con cariño,
Violeta

También te puede interesar...