Confesiones de una terapeuta y profesora de yoga a los 40: Descalza, imperfecta y harta de estar siempre en la luz.

Confesiones de una terapeuta y profesora de yoga a los 40: Descalza, imperfecta y harta de estar siempre en la luz.

Llevo años acompañando a personas en sus procesos emocionales y guiando cuerpos hacia la flexibilidad sobre la esterilla, en meditaciones, con trabajos terapéuticos. He enseñado a respirar en la tormenta y a buscar el equilibrio. Pero al cumplir los 40, algo dentro de mí hizo click. Miré a mi alrededor, miré mi propia vida en plena reinvención y sentí un cansancio profundo. Un cansancio que no se cura durmiendo. LLevaba muchos años remando sin parar y me dí cuenta que estaba un poco harta de la exigencia. Ya no sabía si me estaba demostrando a mi o a la sociedad, pero necesitaba un descanso, y eso me llevó a cerrar mi negocio y preguntarme, ¿ahora qué?, y aún no he encontrado respuesta pero sí me he abierto al descanso y a bajar ritmo.

Harta de la exigencia del sistema, por supuesto. También de la exigencia del propio mundo del bienestar, podemos cuidar nuestra salud, física, mental y emocional, pero eso no significa que no podamos permitirnos la oscuridad, el fracaso y el «no puedo más».

De la presión por «vibrar alto», por mantener una postura perfecta (en el yoga y en la vida), por estar siempre en paz y por convertir cada crisis en una lección magistral de resiliencia. ¿Y sabes qué? A los 40 he decidido bajarme de ese pedestal, agradezco que eso ya forma parte de mí, y está, pero ahora me permito no ser perfecta, no cumplir objetivo, perderme en mi propio camino, sentir que nada tiene sentido.

Cuidado con : La trampa de la «espiritualidad perfecta»

En el mundo del desarrollo personal y del yoga existe una toxicidad silenciosa: la idea de que si te esfuerzas lo suficiente, si meditas más o haces más terapia, alcanzarás un estado de iluminación donde nada te afectará. Nos hemos autoexplotado buscando una perfección espiritual que no existe en un planeta que ya de por sí está lejos de conectar con todo esto.

A mis 40 años, en mitad de mi propia reinvención profesional y personal, he descubierto que el acto más terapéutico y verdaderamente yóguico no es sostener una postura imposible, reinventarse por siempres, sonreír cuando todo duele. El acto más revolucionario es ser vulnerable y normal, y permitirme estar incómoda, enfadada o perdida.

Reinventarse no necesariamente es empezar de cero, puede ser vaciar la mochila de cargas que no te ayudan

Cuando escuchamos la palabra «reinvención» a los 40, nos imaginamos una transformación espectacular: una nueva profesión exitosa, un cambio radical de vida, una versión 2.0 de nosotras mismas. Me agota, y siento que es por eso que la sociedad está tan agotada, cansada, malhumorada, y desconectada.

Desde mi doble mirada como terapeuta y yogui, hoy entiendo la reinvención de otra manera:

  • Menos Asanas perfectas, más compasión: Mi cuerpo ya no quiere demostrar nada en la esterilla. Busca espacio, busca aire, busca sostenerse con amabilidad, no con rendimiento. Hacer yoga, deporte, meditación, para sentirme viva, fuerte y flexible, de verdad, sin exigencias, sin demostraciones, sin aceptaciones externas.
  • El fin del «tengo que»: He pasado la mitad de mi vida cumpliendo con el guion de lo que una «mujer consciente del mundo moderno» debe ser. La segunda mitad elijo ser, simplemente una ser humano normal. Con sus luces y sus sombras, con aciertos y errores, con ganas de caminar en un sendero sencillo.
  • Abrazar el vacío: Reinventarse da miedo porque implica habitar la incertidumbre. Pero el vacío no es ausencia de vida, no es decir adiós a lo anterior, es el espacio fértil donde las cosas vuelven a brotar a su propio ritmo, sin empujar, confiando en la vida tal y como es.

Caminemos hacia un bienestar sin filtros

Este espacio terapéutico y de yoga que comparto contigo no pretende ser un templo de perfección. No te voy a pedir que elimines tu ego, ni que cures todas tus heridas en tres sesiones, ni que pongas tu mente en blanco.

Porque he aprendido que la verdadera salud mental y espiritual consiste en hacer las paces con nuestra maravillosa imperfección. Es permitirte caerte de la postura, llorar en mitad de la meditación y admitir que no tienes todas las respuestas.

Estoy reinventándome, sí. Y lo hago sin saber hacia donde voy, sin mirar a ninguna cima. Lo hago para aprender a caminar más despacio, con los pies en la tierra, la mente en calma y el derecho absoluto a ser, por fin, imperfectamente libre.

¿Cómo estás tú?

Una esterilla, un espacio seguro y cero expectativas.

La reinvención no se hace a solas. Por eso, he creado una serie de talleres intensivos y retiros de fin de semana donde el único objetivo es vaciar la mochila. Un lugar donde el yoga se adapta a tu cuerpo (y no al revés) y donde la terapia se convierte en una charla al refugio de la prisa. Ven tal y como estás hoy: cansada, confundida, fuerte o vulnerable. Todo lo que eres es bienvenido aquí.

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