Crianza respetuosa: poner límites con amor y dejar que tus hijos sean ellos

Crianza respetuosa: poner límites con amor y dejar que tus hijos sean ellos

Llevo semanas hablando en redes de crianza respetuosa. Y cada vez que publico algo, me llegan mensajes muy parecidos.

«¿Y cómo pongo límites sin gritar?»
«¿Respetar no es dejar que hagan lo que quieran?»
«Lo intento, pero no me sale…»

Así que vamos por partes.

Respetar no es no poner límites

Hay una idea que se ha colado mucho: que criar con respeto es decir que sí a todo.

No.

Un niño sin límites no es un niño libre. Es un niño perdido.

Los límites les dan suelo. Les dicen: aquí estás a salvo, alguien se ocupa.

Lo que cambia es el cómo.

Límites con amor (y sin sermón)

Poner un límite con amor se parece bastante a esto:

  • Lo dices corto y claro. «No te dejo pegar.»
  • Nombras lo que le pasa. «Estás muy enfadado. Lo entiendo.»
  • Y lo sostienes. Aunque llore. Aunque se enfade contigo.

No hace falta explicarlo diez veces. Ni amenazar. Ni castigar para que «aprenda».

Su enfado no es un fallo tuyo. Es su manera de atravesar ese límite. Y tú puedes quedarte a su lado mientras tanto.

Dejar que sean ellos

Para algunos padres esto es muy difícil, si al padre le gusta el tenis, al hijo también debe gustarle, si a la madre le gusta el baile, la hija también debe tener vocación de bailarina. Si los padres son sociales, no quieren un hijo introvertidos. Dejar que tu hijo sea tímido aunque tú fueras la extrovertida de la clase. Que le guste lo que a ti no. Que no quiera darle un beso a la tía. Que llore cuando tiene que llorar, y así podría eternizarme en poner ejemplos, y esto yo siempre lo tuve claro, y además mi hija es mi contraria, su energía, sus gustos, sus maneras… está bien, es perfecto.

Nuestros hijos no vienen a cumplir lo que nosotras no pudimos o con lo que somos. Vienen a ser ellos.

Nuestro trabajo es acompañar. No moldear.

¿Y tú, cómo estás?

Porque aquí está la trampa: es muy difícil poner un límite con calma si tú vas en reserva.

Cuando gritamos, casi nunca es por el niño. Es por el cansancio, por la prisa, por todo lo que llevamos encima. ¡Cuántas veces he tenido que pedir perdón!, porque no le gritaba por algo que hacía, sino porque yo ya no podía más.

Cuidarte también es crianza respetuosa.

Y si hoy no te ha salido, no pasa nada. Mañana lo vuelves a intentar.

No hay madres perfectas. Hay madres que vuelven a intentarlo.

El yoga también es un espacio para ellos

Por eso me hace tanta ilusión volver a dar clase a los peques.

En una clase de yoga para niños no se trata de hacer la postura perfecta. Se trata de moverse, respirar, jugar, parar… y sentir el cuerpo.

Es un espacio donde nadie les dice cómo tienen que ser. Con límites claros, eso sí. Y mucho cariño.

Aprenden a calmarse respirando. A escucharse. A estar a gusto en su propio cuerpo.

Y eso se lo llevan a casa, una herramienta para saber quienes son, qué sienten, qué necesitan, expresar con el cuerpo una emoción, poner palabras a algo que les surge desde lo más profundo de su ser.

Clase de yoga para niños en Rincón de la Victoria

  • Cuándo: viernes 23 de octubre, 17:30h
  • Dónde: Rincón de la Victoria, My Sweet Koala
  • Edades: 3-8
  • Precio: 10 euros

Plazas limitadas. Para reservar, escríbeme por Instagram (@_violeta_lara) o desde el formulario de contacto de la web.

Y si te has visto en alguna de estas frases, cuéntamelo en comentarios. Te leo.

No estás sola.

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