Madres e hijos
Reconciliarse:
No hay madres perfectos, y a la vez todas lo son. Las madres todavía están aprendiendo cuando nacen sus hijos, buscándose a sí mismas, aprendiendo a ser quienes quieren ser, descubriendo sus dolores, miedos y dificultades, con suerte algunos asuntos los tienen mirados y algo resueltos, pero lo más probable es que aún les quede mucho por aprender, y que incluso cuando se descubran en esta nueva versión (como madres), retomen las dudas, los miedos, las inseguridades, y descubran que todo es nuevo y que nada saben, y aparezcan nuevas tristezas y alegrías en la senda del camino al que llamamos vida.
Debemos tenerlo en cuenta saber que ahora además de hijas somos madres, nos acompañan y acompañamos, con aciertos y errores, con nuestra verdad, torpeza, grandeza y humildad.
Y es en el camino de ser madres que aprendemos a serlo, y algunas después de años transcurridos podemos pensar que si volvieramos a empezar, habría muchas cosas que nos hubiera gustado hacer mejor, como madres y como hijas, pero que en realidad todo es perfecto como fue y como es, porque es la única realidad posible es la que existe, se realiza y se vive.
Sabemos que siendo madres y siendo hijoa, a veces no nos sentimos entendidas, pero el deseo de todas, es el amor, y las madres aman incondicionalmente, y los hijos también.
La mayor grandeza de la vida es la propia vida, y tenemos la opción de vivir, gracias a dos personas (nuestros padres), que nos trajeron en un acto de amor, gracias a ellos estamos, y gracias a nuestros hijos volvimos a experimentar la grandeza de traer vida al mundo.
Una de las cosas que más estoy aprendiendo en mi formación de constelaciones familiares es a cambiar la mirada, y me siento muy agradecida, porque me ayuda a poner mucha paz, tanto hacia los que vinieron antes, hacia mi misma y hacia mi hija.
Ser madres es una oportunidad, no solo para ser feliz, sentir un inmenso amor, y dar sentido a muchos aspectos humanos, sino que es un espejo del que poder aprender, puedo decir que mi hija me ha enseñado y enseña, directamente con toda su sabiduría e indirectamente con todos los retos que me ha ido y va planteando en cada una de sus etapas. No es fácil, y a la vez es de las cosas más fáciles, y esta contradicción define lo que es el día a día de la crianza, estar disponible y dispuesta, tener atención y predisposición, vivir en el presente con todo lo que existe y estar abierta, porque nada es de ninguna manera que podamos inventar, las cosas son tal cual ocurren y están.
Si miro atrás siento que aún en los momentos en los que he podido hacer de manera menos acertada, tuvo su sentido. No somos perfectas, si somos humanas, y nuestros hijos igual, son perfectos tal como son, con todas sus imperfecciones que también les pertencen.
Las madres somos perfectas y no, y esa es la grandeza de la crianza.
Viole.


