Porque no hay que llegar a ningún lugar, sino habitar el propio lugar cada día.
En el camino de la vida ganamos y perdemos, avanzamos y retrocedemos, acertamos y nos equivocamos, nacemos y morimos, y eso es vivir, estar en sintonía y en equilibrio con todo.
Nuestro deseo de estabilidad y que «las cosas lleguen a algún lugar», no tienen relación con la propia vida y en la naturaleza lo vemos. La naturaleza es cambiante, y el ser humano en sí mismo lo es.
Para tener una buena vida debemos aprender a darnos cuenta de esto, que vamos a ganar y a perder, a veces habrá dolor, otras facilidad y bienestar, y ante todo debemos estar abiertos y agradecidos, aceptando que muchas cosas vienen como de una fuerza mayor que no podemos controlar, y rendirnos a ella, con dignidad y confianza, nos dará la posibilidad de aceptar y mirar las cosas tal como son.
Es obvio que cuando nos toca lo alegre es más agradable que cuando aparece lo tormentoso, pero es que no podemos elegir, lo que si podemos es elegir como transitar cada situación.
Los seres humanos debemos organizar bien nuestros pensamientos y nuestras intenciones, definir nuestros objetivos y deseos, trazar estrategias mentales y definir nuestro destino, pero siempre sabiendo que no depende todo de nosotros.
Así que seamos uno mismo a cada momento, evitando la impostura, con valentía y la capacidad de atreverse a dar lo que tenemos para dar, superando los miedos que puedan dejarnos paralizados.
Aprender a estar atentos a las señales, dandonos cuentas y poniendo atención al momento presente.
Acuérdate de dar lo que tienes para dar en cada momento.


